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Las emociones, la energía y la fuerza de nuestro cuerpo

Vivimos en un mundo en el que pensamos, analizamos y hablamos muchísimo. Eso puede ser valioso, pero a veces nos olvidamos de algo esencial: nuestro cuerpo.

Y es que las emociones no son solo pensamientos. Las sentimos. Una tensión en el estómago, una opresión en el pecho, un nudo en la garganta, calor, hormigueos, inquietud o, por el contrario, una profunda suavidad. Nuestro cuerpo nos cuenta constantemente algo sobre lo que ocurre en nuestro interior.

Para mí, eso también está relacionado con la energía. Nuestro cuerpo y nuestro sistema nervioso funcionan, literalmente, con señales eléctricas y químicas, y, personalmente, experimento las emociones y el trabajo corporal también como un movimiento de energía. Por eso, cuando decimos «todo es energía», para mí puede ser una bonita forma de describir lo vivos, dinámicos y conectados que estamos.

No solo hablar, sino experimentar

A veces podemos hablar durante horas sobre una emoción y comprender exactamente de dónde proviene, mientras seguimos reteniéndola en nuestro cuerpo.

Por eso creo tan firmemente en la experiencia.

A través del trabajo corporal, la respiración consciente, el movimiento, el silencio y el tacto suave, podemos desviar nuestra atención de la mente y volver a centrarla en nuestro cuerpo. No hace falta forzar nada ni «resolverlo» de inmediato. Se trata precisamente de escuchar: ¿qué siento? ¿Dónde lo siento? ¿Qué necesita mi cuerpo en este momento?

Ahí puede surgir espacio. Para la relajación. Para las emociones. Para las revelaciones. Para la suavidad.

El trabajo respiratorio me acercó a mi fuerza

El trabajo respiratorio me ha ayudado enormemente a nivel personal. Me ha permitido experimentar que la fuerza no siempre tiene que ser dura, ruidosa o grande.

A través de mi respiración me he acercado más a mí misma. He obtenido percepciones a las que no podía llegar solo con el pensamiento. He podido dar cabida a las emociones, he podido experimentar la dulzura y, al mismo tiempo, he sentido cada vez más mi propia fuerza.

Para mí, esa es la fuerza de la energía: no buscar algo fuera de nosotros mismos, sino volver a conectar con lo que ya está presente en nuestro interior.

De vuelta a nuestra propia energía

Quizá por eso deberíamos crear muchos más momentos en nuestra vida cotidiana en los que conectemos conscientemente con nosotros mismos.

No solo pensar, sino sentir.

No solo hablar, sino experimentar.

No solo seguir adelante, sino respirar.

No solo ser fuertes, sino atrevernos también a ser tiernos.

Cuanto más aprendamos a escuchar a nuestro cuerpo y a nuestras emociones, más conscientes podremos ser de nuestra energía interior y de nuestra fuerza vital.

Somos seres vivos, sensibles y llenos de energía. Y quizá una de las cosas más bonitas que podemos regalarnos es volver a aprender a sentir cómo esa fuerza vital fluye a través de nosotros.

Porque a veces nuestra fuerza no reside en hacer aún más o en comprender aún más.

A veces nuestra fuerza reside simplemente en sentir, respirar, estar presentes y sentirnos a gusto en nuestro propio cuerpo.