La conexión siempre empieza por uno mismo.
Antes de poder conectar de verdad con otra persona, es importante que primero te conectes contigo mismo. Eso significa que aprendas a conocerte a ti mismo: tus sentimientos, tus pensamientos, tus deseos, tus límites y tus valores. Cuando te aceptas tal y como eres, surge la paz interior. Desde esa paz, puedes relacionarte con el otro sin perderte a ti mismo.
La conexión es mucho más que tener contacto. Es la experiencia de estar realmente presente. Estás atento a ti mismo, al otro y al momento. No tienes que demostrar nada, ni ocultar nada, ni forzar nada. Se crea un espacio para un encuentro sincero.
En la sabiduría andina de los Q’ero, la conexión se considera el estado natural de la vida. Todo está conectado entre sí: las personas, los animales, las plantas, las montañas, los ríos, la tierra y el cosmos. No somos individuos aislados, sino que formamos parte de un todo vivo. Por eso, toda conexión auténtica comienza desde dentro y, a continuación, se irradia hacia todo lo que nos rodea.
¿Cuándo practicas la conexión?
Practicas la conexión cuando:
- eres sincero contigo mismo;
- escuchas sin juzgar de inmediato;
- estás presente en el momento;
- te atreves a abrir tu corazón;
- tratas a los demás con respeto;
- pasas tiempo en la naturaleza y te sientes conectado con la tierra;
- sientes gratitud por la vida;
- actúas desde el amor, la conciencia y la integridad.
Cada vez que eliges la atención en lugar de la prisa, la comprensión en lugar del juicio y el amor en lugar del miedo, practicas la conexión.
¿Cuándo pierdes la conexión?
Pierdes la conexión cuando:
- vives constantemente desde el miedo o el control;
- te rechazas a ti mismo o no te escuchas;
- solo te preocupas por rendir o demostrar algo;
- juzgas sin escuchar de verdad;
- vives en piloto automático;
- te aíslas de tus sentimientos;
- olvidas que formas parte de algo más grande que tú mismo.
Estar desconectado no significa que hayas fracasado. Es una invitación a volver a hacer silencio y a volver a ti mismo.
¿Cómo te sientes cuando estás conectado?
Cuando estás conectado, puedes experimentar:
- paz interior;
- confianza;
- amor;
- seguridad;
- apertura;
- alegría;
- gratitud;
- compasión;
- claridad;
- una profunda sensación de volver a casa.
Sientes menos necesidad de demostrar tu valía. Experimentas más libertad para ser simplemente tú mismo.
¿Qué te puede aportar la conexión?
La conexión te ayuda a:
- construir relaciones auténticas;
- tomar decisiones conscientes;
- escuchar mejor tu intuición;
- desarrollar más resiliencia;
- experimentar sentido y dirección en tu vida;
- crear armonía contigo mismo, con los demás y con la naturaleza;
- vivir desde el corazón en lugar de desde el miedo.
La conexión no solo cambia tu forma de ver el mundo; también cambia tu forma de estar presente en él.
La esencia
La conexión no es un destino, sino una forma de vida.
Comienza con el valor de encontrarte verdaderamente contigo mismo. A partir de esa conexión interior surge de forma natural la posibilidad de encontrarte con los demás con apertura, de experimentar la naturaleza como un compañero vivo y de sentirte conectado con algo más grande que tú mismo.
La conexión es el recuerdo de que no existimos separados unos de otros. Formamos parte de un todo vivo. Cuanto más profunda es la conexión contigo mismo, más profunda es la conexión con la vida.
Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com
