Cuando empecé a trabajar en mi propia figura paterna, se hicieron evidentes varios patrones en mi vida. Me di cuenta de lo mucho que había echado de menos a mi padre. No solo a él como persona, sino sobre todo lo que, de niña, habría querido experimentar con una figura paterna: seguridad, amor, reconocimiento, protección, orientación y la sensación de que me apoyaban.
Sin ser consciente de ello, más tarde había empezado a buscar fuera de mí misma una parte de esa carencia. Sobre todo en mis relaciones. En una pareja no solo buscaba el amor de mi pareja, sino también una sensación de seguridad, reconocimiento y protección que una parte más joven de mí seguía echando en falta.
Cuando empecé a trabajar en ello, también comprendí mejor por qué ciertas relaciones podían resultar tan intensas, por qué a veces era difícil dejarlas atrás y por qué, incluso tras poner fin a una relación, podemos volver a caer en una dinámica similar. La persona cambia, pero el deseo subyacente puede seguir siendo el mismo.
Para mí, esa es una de las ideas más poderosas de las constelaciones familiares: a veces reaccionamos hoy a partir de algo que surgió hace mucho tiempo.
¿Qué buscamos fuera de nosotros mismos?
Nuestro padre y nuestra madre son nuestros primeros grandes puntos de referencia. De niños, no analizamos por qué papá está presente, ausente, es cariñoso, distante, estricto o impredecible. Solo experimentamos cómo nos afecta.
¿Me siento visto? ¿Estoy a salvo? ¿Puedo ser yo mismo? ¿Tengo que rendir para obtener reconocimiento? ¿Tengo que adaptarme para mantener la conexión?
Cuando ciertas necesidades no se han satisfecho lo suficiente, es posible que más adelante sigamos buscándolas fuera de nosotros mismos. Entonces surge, por ejemplo, el deseo de que nos vean, nos validen, nos protejan, nos digan que somos lo suficientemente buenos, nos den seguridad y nos indiquen qué debemos hacer.
Esto puede manifestarse en nuestras relaciones de pareja, pero también con un jefe, un superior, un terapeuta, un profesor u otra figura de autoridad.
La figura paterna, lo masculino y la autoridad
En el trabajo sistémico y holístico, la figura paterna va más allá de nuestra relación personal con nuestro padre. La figura paterna también se relaciona con temas como la orientación, la determinación, los límites, la estructura, la autoridad, la responsabilidad y el hecho de ocupar nuestro lugar en el mundo exterior.
Por eso, nuestra experiencia original con la figura paterna puede manifestarse más adelante en la forma en que nos relacionamos con la autoridad.
Hay quien busca constantemente permiso: «¿Lo estoy haciendo bien? ¿Qué opinas? ¿Puedo hacer esto? ¿Qué decisión debo tomar?».
Otro, por el contrario, se rebela automáticamente en cuanto alguien ejerce autoridad: «Nadie me dice lo que tengo que hacer».
Parecen dos actitudes totalmente diferentes, pero en ambos casos la autoridad ajena sigue siendo un punto de referencia importante.
El camino hacia una mayor autonomía surge cuando somos capaces de escuchar a otra persona sin perder nuestra identidad: oigo lo que dices, siento lo que me parece correcto, tomo mi decisión y asumo la responsabilidad de esa decisión.
De papá a la sociedad
Ahí es donde lo personal se une a lo colectivo. Porque nuestra relación con la autoridad la llevamos al mundo exterior: a las organizaciones, las instituciones, los líderes, los ministros y los gobiernos.
Cuando algo no va bien, es fácil mirar solo hacia fuera: el gobierno tiene que cambiar, mi jefe tiene que solucionarlo, mi pareja tiene que cambiar, mis padres deberían haberme dado algo diferente.
Por supuesto, eso no significa que los demás no tengan ninguna responsabilidad. Se trata de plantearse una pregunta adicional: ¿dónde reside, dentro de esta situación, mi propia responsabilidad y mi propia fuerza?
¿En qué sigo esperando permiso? ¿En qué espero que otra persona me dé seguridad? ¿En qué cedo el control de mi propia elección? ¿En qué sigo luchando solo contra algo ajeno a mí? ¿Y qué puedo hacer yo mismo hoy?
La validación externa y la autoestima
Nuestra necesidad de reconocimiento también puede estar relacionada con esto. Cuando de pequeños nos sentimos insuficientemente vistos o reconocidos, de adultos podemos seguir intentando demostrar que somos lo suficientemente buenos.
Trabajamos más duro, nos ocupamos de todo el mundo, queremos tener éxito, buscamos elogios o necesitamos que nuestra pareja nos confirme constantemente que somos queridos.
Pero la validación externa a menudo solo puede llenar un vacío interior de forma temporal.
Por eso, al final, la pregunta pasa de «¿Quién me ve?» a «¿Puedo verme a mí mismo?» Y de «¿Quién confirma mi valor?» a «¿Puedo sentir y asumir mi propio valor, incluso cuando nadie me lo confirme en ese momento?»
Reconocer lo que ha sido y ocupar nuestro propio lugar
Trabajar en torno a la figura paterna no significa que tengamos que aprobar, olvidar o justificar todo lo que ha sucedido. Al contrario, puede significar que nos atrevamos a reconocer con sinceridad:
Este era mi padre. Esto es lo que he recibido. Esto es lo que he echado de menos. Esto me ha marcado. Y hoy puedo elegir qué hago con ello.
Ahí es donde puede producirse un cambio. No esperar más a que papá, nuestra pareja, nuestro jefe u otra figura de autoridad cambie para poder seguir adelante, sino explorar qué paso podemos dar hoy por nuestra cuenta.
¿Qué sigo buscando fuera de mí mismo? ¿Dónde estoy cediendo mi poder? ¿En qué aspectos sigo necesitando permiso? ¿En qué sigo teniendo que demostrar mi valía? ¿En qué sigo luchando contra la autoridad? ¿En qué espero que otra persona me proporcione seguridad? ¿Y dónde puedo, por fin, ocupar mi propio lugar?
¿Por qué una constelación familiar colectiva en torno a la figura paterna?
La figura paterna no es solo un tema individual. Bajo nuestras diferentes historias personales pueden estar presentes los mismos temas humanos: ausencia, reconocimiento, seguridad, autoridad, límites, responsabilidad, afirmación, fuerza, orientación y lo masculino.
Por eso, en esta constelación familiar colectiva trabajamos juntos en torno al tema de la figura paterna y lo masculino. Lo que se hace visible en una persona puede tocar algo o resultar reconocible en otra.
Quizá la responsabilidad comience precisamente ahí: no culpándonos a nosotros mismos por el pasado ni negando lo que otros han hecho, sino preguntándonos:
¿Qué sigo cargando hoy de ayer? ¿Qué sigo buscando fuera de mí mismo? ¿Y qué paso puedo dar yo hoy?
Ahí es donde empieza a ocupar nuestro propio lugar. No frente a papá, ni frente a nuestra pareja, ni frente al Gobierno, sino en nuestra propia vida.
Para quienes quieran trabajar en torno a un tema personal concreto, también existe la posibilidad de una constelación privada. Puedes ponerte en contacto conmigo en cualquier momento para ello; así analizaremos juntos qué es lo que está pasando y qué es lo más adecuado.
