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Tejer la vida

Nos hace falta tejer, tejer la vida, nuestros cuentos, nuestras historias; recordar que somos seres humanos y que no podemos perder esa alma, esa conexión con el otro, con lo que hacemos, con lo que experimentamos, con la creatividad, con el recordar, con el sentir.

Eso es lo que transmito yo en mis sesiones, porque mi objetivo no es llenarme los bolsillos. Ya el universo me lo da. Mi objetivo es el valor que tú te das. No voy a menospreciarte por el valor que tú te quieras dar; lo respeto.

Yo tengo un precio. Tengo algo que ya es simbólico, porque lo que hago va más allá de lo que tú puedas imaginar. No es una medicina que yo haya creado. Es algo que viene del más allá, para lo cual mis células hoy despertaron mi memoria. Por eso la reconozco.

Por eso soy única en lo que hago, porque hay mucha confianza, sabiduría ancestral, memoria de otras dimensiones que solo yo tengo. Por eso los cuerpos tienen un proceso de recordar.

Por eso mi memoria está aquí, en la Tierra, acompañando a la Madre Tierra. La conozco, la huelo, la siento. Es mi madre desde que nací y desde antes.

Por eso, lo que hago es algo que hago a través de mi sistema. Es su memoria. No es mío, es de ella. Y nada ni nadie lo puede quitar. Lo perfecciona cuando quiere, lo cambia cuando quiere.

Soy única por eso, porque no soy yo: es su espíritu, es su conciencia a través de mí. Y de eso me siento orgullosa, respetada y honrada.

Esto no es de dinero, ni de “si no puedo” o “no tengo”. Es tu conciencia, es tu despertar lo que está en juego. No mi bolsillo. No el de la Madre Tierra.

Y esa es tu responsabilidad. Ese es el precio que tú te pones hoy.

Podría hablar horas y horas de esto, pero no hay tiempo. Ya mis palabras son esencia, porque no vienen de mí, sino que vienen de la Madre Tierra a través de mí.

Por eso soy conciencia. Ya he transmitido, cambiado y caminado por aquí. Sé cómo huele, cómo se siente.

Soy única. No copio, no me interesa. Soy auténtica en lo que hago.

No está en libros, ni en métodos, ni en maestros. Es único. Es conciencia.

Y no es mío. Es de ella: la memoria de la Tierra.